La verdad es que ha sido una mala semana para el presidente del Principado, que aun así pudo pasárselo bien tanto en la fiesta de la comida en la calle de Avilés como en los Güevos Pintos de Pola de Siero, tal y como vimos en sus redes sociales, que funcionan como una especie de No-Do para influencers. En esta última fiesta, además, Barbón nos regaló junto con Adriana Lastra, la delegada del Gobierno, una imagen de concordia en un trío feliz con el alcalde de Siero, Ángel García, conocido popularmente como “Cepi”. Ya estaréis al tanto de que hace pocas semanas las cosas andaban muy mal entre ellos porque el alcalde sierense, del PSOE, sugirió que iba a montar su propio partido si el Principado no le aprobaba la instalación del supermercado Costco, un proyecto que contravenía todas las normas urbanísticas y de desarrollo de la zona central de Asturias. Pero como los Güevos Pintos se celebran en Pascua y la Pascua representa la resurrección de la carne, el triunfo de la luz sobre la oscuridad, y como pese a todo se aprobó el proyecto de Costco y Cepi se olvidó de hacer un partido nuevo, pues el martes en la Pola todo fue guapísimo y reluciente. El buen rollo de los Güevos Pintos se agradece. Porque es primavera y amarguras ya tenemos de sobra a cuenta de Trump, de Irán y del estrecho de Ormuz, que ya no sabemos si está abierto o cerrado o si los ayatolás cobrarán peaje o dejarán de cobrarlo. No está nada claro qué va a pasar ahí. Se echa de menos un poco de seriedad en todo este asunto. Los iraníes, en ese sentido, deberían de aprender un poco de Aucalsa, la empresa concesionaria de la autopista del Huerna, que a la hora de cobrar un peaje no tiene dudas: te cobra íntegros los 16,20 euros por salir a la Meseta aunque el servicio prestado tenga deficiencias. Esa situación, que se acerca al abuso a los usuarios, es algo que irrita mucho a los asturiano y al Gobierno del Principado, que en este caso habló por boca de su consejero de Ordenación del Territorio, Ovidio Zapico, que califica la situación de “vergüenza”. Avergonzados están también los representantes de los Centro Asturianos que hay repartidos por España y por el mundo entero, especialmente en América. Avergonzados por cómo se refirió a ellos la diputada regional de Vox Carolina López. La portavoz del partido de ultraderecha protagonizó en diciembre pasado una intervención en la Junta General del Principado en la que se preguntaba, por ejemplo, por qué el Principado destinaba tanto dinero a los centros asturianos -a los “asturianos de fuera”- y hubiera menos fondos para los que querían regresar a su tierra natal. Sonaba raro que alguien de Vox pidiera apoyos para traer inmigrantes a Asturias. El motivo de tal exigencia debe ser la ignorancia de que, entre el siglo XIX y XX unos 300.000 paisanos salieron de Asturias y, de resultas de aquella gran migración, ahora son muchos más los que quieren seguir vinculados a Asturias, pero en sus respectivos países, que los que se plantean dejarlo todo y volver a aldea de donde partieron sus abuelos o bisabuelos. La diputada, en un análisis a brocha gorda de los números del presupuesto destinado a emigración, consideró que destinar fondos a la Escuela de Asturianía, donde se forman en música y baile tradicional los jóvenes de esos centros asturianos, es apoyar a los “chiringuitos” del Principado. Le parecía mal, además, que se les impartiera “la llingua” en la Escuela de Asturianía. Aunque realmente no haya ninguna clase de asturiano en esta escuela. Este comentario –unido a otros anteriores de López, en los que decía que el programa “Añoranza” de reencuentro con Asturias para emigrantes sin recursos era pagarles “unas vacaciones”- ha molestado profundamente a los Centro Asturianos y esta semana, en el Pleno del Consejo de Comunidades Asturianas, votaron todos a favor de un texto de reprobación de la diputada. Cómo sería la cosa que hasta el propio representante de Vox en ese órgano ni siquiera votó en contra. Se abstuvo. A ver lo que dura. Esta semana fue también la del regreso a la Tierra de los cuatro astronautas de la cápsula Orion. Fueron a la Luna, se dieron una vueltina por su cara oculta y, con la perspectiva que da ese viaje, nos vieron a todos flotando en este desvalido planeta azul y nos mandaron un mensaje esperanzador de que, si trabajamos juntos, todo sale mejor. Un mensaje, a la vista de la regresión a las cavernas que estamos viviendo, suena hasta revolucionario. Desde el centro de la NASA en Houston estuvieron controlando la misión dos ingenieros asturianos: Pedro Saiz, un joven mexicano de familia llanisca, y asiduo veraneante en Asturias, y Arturo Fernández, ingeniero de la Agencia Espacial Europea (ESA), que fue el jefe del equipo responsable de la central de energía que mantenía a la cápsula en funcionamiento. Dos asturianos que volaron muy alto (os he dejado antes los enlaces de las entrevistas que dieron a LA NUEVA ESPAÑA) mientras los demás, aquí, vivíamos pendientes de tantas cosas que hablan de lo bajo que puede caer la humanidad. Un saludo a todos, asturianas y asturiano del exterior. Eduardo Lagar, redactor jefe de LA NUEVA ESPAÑA y responsable del canal “Asturias Exterior” |