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       15 junio 2026
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¿Estamos haciendo el primo los europeos con la descarbonización?

 

 

 
 

Acabo de regresar de un viaje por Sudáfrica y me ha sorprendido cómo el país más rico del continente africano está a años luz de Europa. Uno de los signos más chocantes es que allí contaminan sin complejos. El 80 % de la energía eléctrica se produce en centrales térmicas que queman carbón.

En las autopistas vas todo el rato adelantando camiones de transporte especial con cubas de carbón y desde la carretera se ven las grandes plantas térmicas del país. Tienen catorce centrales con más de setenta torres de refrigeración como las que aquí vemos en las plantas nucleares.

La quema de carbón es la mayor causa del cambio climático. Al quemarse, libera grandes cantidades de gases de efecto invernadero, principalmente dióxido de carbono (CO₂), que atrapan el calor del sol en la atmósfera, lo que aumenta la temperatura del planeta y altera el clima global. Uno puede olvidar que el planeta es el mismo y pensar que Sudáfrica está muy lejos, pero es que Marruecos sigue la misma dinámica: nuestro país vecino produce el 60 % de la energía eléctrica en cuatro grandes centrales térmicas de carbón.

Todo esto viene a cuento de las exigencias que se ha autoimpuesto la Unión Europea para frenar el cambio climático. Algo en lo que todos los que confiamos en la ciencia creemos que tiene sentido. Pero... ¿es razonable el talibanismo radical? Veamos los números.

La Unión Europea necesita destinar el 4 % de su PIB al año (470.000 millones de euros) en proyectos de descarbonización. Para poner un ejemplo que nos toca de cerca, solo el sector europeo de la cerámica necesita invertir 27.000 millones de euros en descarbonización hasta 2050 y cambiar, entre otras cosas, los hornos de gas por una nueva tecnología que no acaba de llegar (los azulejeros no creen en el hidrógeno verde y la producción con hornos eléctricos se dispara).

Otros sectores también están patas arriba. La automoción europea va dando bandazos y factorías como la de Ford Almussafes producen bajo mínimos por la transición de los motores de combustión a los eléctricos.

Y vuelvo por donde empezaba. ¿Tiene sentido la transición verde en la que nos hemos embarcado? Sin duda. El problema son los plazos. Bruselas ha impuesto unas condiciones tan draconianas que se está cargando la competitividad de nuestra industria.

 
 
 
 

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